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El apellido Bermúdez de Castro se unió en el siglo
XV, según consta en el testamento de Don Fernando de Castro
(Ourense 20-IX-1481), quien era era nieto de los condes de Lemos:
Beatriz Enríquez de Castro y Pedro Álvarez Osorio
(1-II-1486) e hijo de Alonso de Castro Osorio, Mayor de Valcárcel.
Se casó con Doña Inés de Bermúdez,
hija de Pedro Bermúdez de Rioobó ("el viejo")
y de Leonor de Castro y Guzmán. Tras el fallecimiento
de su suegro, adoptó el nombre del mismo Don Pedro Bermúdez
de Castro, señor de Montaos, de la Penela y de Nogueira,
tal y como se había concertado al casarse con Doña
Inés. Actualmente se encuentra enterrado en la colegiata
de Santa María del Campo de A Coruña de la que
fue el primer abad.

Son varios los documentos posteriores a estas fechas con referencias
a la villa de Caión. Sin ir más lejos, en la actual
Plaza de Vilafano está situado un palacio del siglo XVI,
concretamente del año 1548, y perteneciente a Don Fernando
Bermúdez de Castro, señor temporal de la villa
de Caión. En su cara norte, aunque muy deteriorado, aún
hoy se pueden contemplar sus dos plantas de sillería regular
abanderadas por su torre. En aquel lugar se centraban los estados
de los Sres. Bermúdez de Castro, y desde él administraban
justicia con cárcel y administraciones propias. Don Fernando
y su especial afecto por la Orden de Los Agustinos influyó
de manera decisiva en la construcción de un convento,
aprobado en el año 1548, y con la advocación de
Nuestra Sra. del Socorro por el Papa Paolo III se comienza a
construir el monasterio, quedando en 1955 su iglesia establecida
como parroquia y administrada por el prior del convento. Hasta
esas fechas, el centro parroquial se situaba en una capilla románica
donde ahora se encuentra la ermita de Nuestra Sra. de Los Milagros.
La prosperidad del convento en los siglos XVII y XVIII hizo que
éste y la iglesia estuvieran ornamentados con objetos
sagrados, mobiliario, altares, vestuarios sacerdotales y diferentes
reliquias que lo convertían en un auténtico museo
de arte sacro.
En el reinado de Carlos III (1767), los Jesuitas fueron expulsados
de su convento situado en la plazoleta de San Agustín
en A Coruña (actual Iglesia de San Jorge). Los Agustinos
de Caión se hicieron cargo de esa iglesia y convento,
disfrutando de ese privilegio hasta el año de 1838 en
que se suprimieron las órdenes monásticas y fueron
confiscados todos sus bienes. Se inicia entonces la etapa señorial
y la sociedad feudal. La expansión económica de
base agrícola, la reactivación del marisqueo junto
con el comercio marítimo propician el crecimiento del
casco urbano de Caión donde no sólo residían
nobles, sino también una diversa población dedicada
a varios oficios, originándose así actividades
artesanales, comerciales y de servicios. Estos cambios en el
reparto de la riqueza, por supuesto, no afectaron a todos por
igual pues el convento, dirigido por los frades expertos, contaba
con el trabajo de labradores y marineros, a quienes pagaban con
una renta fija, o bien proporcional, casi siempre en especies.
La estructura social de Caión en el siglo XIX experimentó
más un cambio aparente que sustancial. La emigración
constante es la que recorta el crecimiento humano en los últimos
años. Así, la población de Caión
presenta un saldo evolutivo bien pobre si lo comparamos con la
población de las ciudades. A pesar de esto, Caión
entra en el siglo XX con unos índices demográficos
de aceptable modernidad, siendo lento pero decidido el crecimiento
urbano.
Con la abolición de los señoríos y feudalismos
llega una época histórica de grandes cambios en
el plano mundial que, por descontado, también alcanzarán
a Caión. Desde el nacimiento de nuestros abuelos hasta
hoy tiene lugar el cambio de la cultura tradicional. La intensidad
de esta modernización (sobre todo en agricultura y pesca)
no es constante, aunque destaca en el primer tercio del siglo,
en los años 20 y en la década de los 60.
 
Durante
ésta última, se amplía la producción
agraria, que ya había arrancado con fuerza en los años
20, y se consolida la estructura industrial, que navega claramente
hacia el sector marítimo.
El centro de la villa lo constituyen la Plaza de Vilafano, presidida
por "O Pazo" de Los Bermúdez y, a su sombra,
la iglesia parroquial, que tiene dos escudos emparejados y en
los cuales podemos ver los Roeles de Los Castro y el ajedrezado
de Bermúdez. En el caso del pazo de los Condes de Graxal
y Bermúdez se conserva parte del edificio. Con puerta
en arco de medio punto y los escudos de armas de los Bermúdez
de Castro, a quienes pertenecía siendo los Sres. de la
jurisdicción de Montaos, su fachada principal da a la
plaza.
La población rural en 1970 suponía el 42 % del
total y de esa cantidad el 62 % correspondía a la costa
y el resto al interior. La población urbana alcanza el
56 % del total. En resumen, se trata de una zona densamente poblada,
en continuo crecimiento y con un fuerte impacto del fenómeno
urbano e industrial.
No podríamos entender la vida y la historia de Caión,
su pasado y sus gentes sin adentrarnos en la comarca de Bergantiños
y a su vez en la historia de Galicia. "Dios escribe derecho
con renglones torcidos". Posiblemente, jamás podría
afirmarse esto con mayor razón que referido a San Agustín,
fundador de la Orden Agustiniana, quien comenzó un tanto
torcido en sus dudas y vacilaciones, incluido el maniqueísmo,
para terminar tan derecho que su vida y sus obras le merecieron
ser elevado a la santidad. Los musulmanes pasaron el mar, invadieron
la isla, y las reliquias de San Agustín quedaron en su
poder. Sólo existía una forma de rescatarlas, tentar
la codicia de los sarracenos mediante la compra de los preciosos
restos. Y esto fue lo que hizo el rey Liutprando, pagando por
ellas la suma de setenta mil ducados de oro. Las reliquias llegaron
a Génova desde donde fueron trasladadas a Pavia. Allí,
los restos fueron colocados en la Cripta de la Real Basílica
de "San Pedro in Coelo Aureo". Se dice que al ser colocados
en su lugar se vió brotar una fuente milagrosa que devolvía
la salud a los enfermos- al lado de la Ermita de Los Milagros
de Caión, los Agustinos recrearon otra fuente en la que
es de obligado cumplimiento llevar a efecto los ritos en la festividad
de los Milagros de Caion-. Todo esto sucedía en el año
725. Se tomó una precaución para que las reliquias
no desaparecieran en tiempos de guerra: fueron escondidas en
la cripta. Fueron descubiertas, casualmente, en el año
1695 casi un siglo después.

En 1743 ya estaba terminado el mausoleo que los Padres Agustinos
habían comenzado en el siglo XIV. A él fueron trasladados
los restos de San Agustín. Hacia 1790, la Orden Agustina
fue despojada de su iglesia, llevando el cuerpo de su fundador
a la iglesia de Jesús.
Llegó después un tiempo calamitoso para los Agustinos
ya que su Orden fue abolida y los restos de San Agustín
fueron llevados a la catedral. (Los Agustinos de Caión
fueron desplazados a la iglesia de San Jorge en A Coruña.)
Allí permanecieron algún tiempo un tanto olvidados
hasta que fueron expuestos a la veneración de los fieles.
En el año 1900 el Papa León XIII devolvió
la Basílica de Pavia a la Orden Agustina y los restos
de San Agustín fueron trasladados a ella.
San Agustín dejó escrita una regla para sus monjes,
copiando los sentimientos de su espíritu y de su corazón.
A su muerte se la dejó en testamento como su mejor tesoro.
Y que lo es, lo demuestran las muchas comunidades que, esparcidas
por el mundo, se alimentan de ella: Padres Agustinos. Dominicos,
Jerónimos Premostratenses, Trinitarios, Servitas, etc.
Agustín era africano, nacido en Tagaste, en el año
354, una pequeña ciudad romana en lo que hoy es Argelia.
Sin que recibiera el bautismo fue educado por su madre, santa
Mónica, en la religión cristiana, que posteriormente
abandonó hasta el momento de su conversión. El
ansia de hallar la verdad y quizás influenciado por la
lectura del "Hortensius" de Cicerón, lo llevaron
a la práctica de la religión maniquea. Años
más tarde abandonó la secta para ir a residir a
Roma y Milán. En el año 386 se retiró a
Cassiciaco lugar donde escribió sus primeras obras. Recibido
al bautismo y de vuelta a la religión cristiana fue ordenado
sacerdote para, años más tarde, ser consagrado
como Obispo de Hipona. Murió durante el asedio del ejército
vándalo a Hipona.
Demos un salto en el tiempo y tomemos a Agustín cuando
abandona Italia y regresa a la tierra que lo vio nacer. Ahora
ya lo hace con una idea fija, la de comenzar una vida de comunidad,
una vida sencilla, apartada del tráfago humano y dedicarse
al conocimiento de la sabiduría que da el conocer a Dios
y a uno mismo. En Tagaste, vende los terrenos que había
heredado de su padre y el dinero que le dan por ellos lo distribuye
entre los pobres. Funda el primer monasterio agustiniano. Al
principio, el número de discípulos es pequeño.
Su ideal de vida es la contemplación, y por eso la jornada
en el Monasterio de Tagaste, primero de los que después
se convertiría en la Orden Agustiniana, es la oración,
la conversación y el estudio. Así, en Tagaste,
el ideal monástico está perfilado en sus líneas
generales. El Fundador de los Agustinos, tiene como base para
su Comunidad un pasaje del "Libro de los Apóstoles":
"La multitud de creyentes poséela un solo corazón
y un alma única, y todo era común entre ellos".
La amistad llevada hasta sus más extremados límites
la fraternidad, es la esencia de la vida agustiniana. Sus monjes
han de vivir en extremada pobreza, alternando el trabajo con
el estudio y guardando la debida armonía con la v ida
contemplativa y la oración. Si se leen las obras de San
Agustín se verá que las palabras que con más
frecuencia aparecen en ellas, son, amor y caridad. Y de ahí
que se llegue a su célebre sentencia: "Ama y haz
lo que quieras porque nada de lo que hagas por amor será
pecado". San Agustín escribió nada menos que
ciento trece obras y esto lo hizo en medio de trabajos y obligaciones
de su cargo como Obispo de Hipona. La figura de San Agustín
es tan gigantesca que hasta una figura de la teología
protestante como es Harnack, escribe de él: "¿Dónde
encontrar en toda la historia eclesiástica de Occidente
un hombre de influencia comparable a la de San Agustín?".
En la noche del 28 al 29 de agosto del año 430, el inmenso
corazón de esta figura gigantesca no sólo de la
Iglesia, sino de toda la Humanidad, dejó de latir, al
carecer de bienes, no hizo testamento, pero -escribe Posidio-dejó
a la Iglesia numerosos sacerdotes y monasterios donde se practicaba
la continencia y la abstinencia.Entre estos monasterios se encuentra
el de Los Agustinos de Caion Los Agustinos de Caion nacieron
en diciembre de 1588, amparándose en una reforma de la
Orden de San Agustín y apoyada por Don Fernando Bermúdez
de Castro Señor de las tierras de Caión, que aspiraría
a llevar una forma de vida más austera y perfecta, y más
acorde con el espíritu y la inspiración de San
Agustín.

Su primer reglamento, o Forma de vivir, fueron
redactados por Fraile Luis de León, y empezó a
practicarse en el convento de Talavera de la Reina en octubre
de 1589. Y de la misma Orden agustiniana se expande a toda España
incluido los Agustinos de Caion, brotará en España
otro renuevo de reforma, que en 1629 se integrará en la
Congregación de Agustinos. Tras varios años de
prueba y consolidación, en 1605, los Agustinos deciden
pasar por la piedra de toque de las misiones. Acuerdan sumarse
a la evangelización de las Islas Filipinas, y allí
les toca roturar y cultivar las parcelas más ingratas,
regadas no pocas veces con la sangre fecunda de los mártires.
Los primeros frutos que cosecharán serán los del
cariño; el amor que habían derramado a raudales
lo reciben centuplicado, y Filipinas será ya para siempre
casa solariega de la Recolección.Transcurren decenios
y siglos, y los Agustinos van tejiendo su historia. Su marcha
será a veces airosa, a veces cansina, dependiendo de lo
escabroso del camino, lo ameno del paisaje o las inclemencias
de los tiempos, pero no abandonarán el rumbo emprendido.
Hasta que, en el siglo XIX, les cortan la senda de modo brutal.Los
gobiernos de España, en 1835-1837, y en 1861, despojan
de sus bienes a todas las órdenes religiosas, y les impiden
la vida común. Donde vivía la mayor parte de los
frailes. De la noche a la mañana, la existencia de la
Orden quedó pendiente de un hilo, de Caion; sólo
allí se permitió, por conveniencias políticas,
su presencia oficial y comunitaria, dandoles tiempo hasta su
desplazamiento a La Coruña, Iglesia de San Jorge.A consecuencia
de este quiebro histórico se va a obrar en la Orden una
metamorfosis de gran importancia. De ser fundamentalmente una
congregación religiosa de corte conventual y contemplativo,
pasará a ser un instituto religioso dedicado también
al trabajo en parroquias y misiones. Y así quedará
configurada en adelante.En ella se multiplicaron las conversiones
y las vocaciones. Todo ello se vio truncado por la expulsión
de los misioneros, en 1953. Como fruto palpable de aquella encomiable
acción misionera, quedan varios frailes trabajando en
diversas partes del mundo, los Agustinos en El Escorial, Madrid.
De esta orden podemos contemplar el convento en la Plaza de Vilafano
en el centro de la villa de Caión, hoy el centro parroquial
de la villa.
Documentación Histórica y Archivos: Juan Martínez
Ortiz. |
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